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Viñarock 2017: cantando bajo la lluvia

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La XXI edición del Viñarock será recordada, muy posiblemente, como una de ediciones con el peor clima. Sin embargo, ni el frío, ni la lluvia, ni los truenos pudieron con las ganas de pasarlo bien y disfrutar de uno de los festivales mas conocidos del país.

El sol reinaba en Albacete en los días anteriores al último fin de semana de Mayo de 2017 y todo hacía pensar que tendríamos un nuevo Viñarock caluroso y que sería necesario, de nuevo, recurrir a una/s cerveza/s fría/s para aguantar las abrasadoras tarde. Según se acercaba el fin de semana un fuerte viento amenazaba con dificultar la vida viñarockera, y ya el viernes las nubes empezaban a hacer acto de presencia. Conforme avanzaba la tarde y se acercaba la noche el frío era cada vez más notable. Ya de madrugada, las primeras gotas empezaban a caer y, animándose tanto como los asistentes al festival, las nubes empezaban a descargar, uniéndose un frío invernal y una lluvia incesante, resultando en una combinación que ponía a prueba la resistencia de los viñarockeros y que tuvimos que aguantar hasta el último día, y es que, por capricho del destino, el día del retorno volvió el sol y el calor sofocante.

Ha sido ésta una de las ediciones climáticamente más duras, lluvia, viento y frío. Algunas tiendas se inundaban, los toldos improvisados salían volando, las piquetas de las tiendas se soltaban, se generaban enormes charcos de barro en los escenarios y el frío y la lluvia congelaban a cualquiera. Probablemente el único sitio donde la temperatura era más alta era en los conciertos, donde el acúmulo de gente unido al movimiento en los pogos aumentaba la temperatura corporal.

Quizá, este mal timpo fuera el responsable de que la afluencia de gente se redujera. Durante el día apenas se veían algunos grupos de viñarockeros paseando por la avenida y de noche todos buscaban refugio.

Los grupos tuvieron que luchar con este handicap y tratar de animar a gente que llegaba fría a los conciertos. Muchos lo trabajaron, y muchos lo consiguieron. Un gran mérito de gandes grupos como Narco, Desakato o Non Servium que consiguieron mover a la gente de sus tiendas y ponerlas a saltar sobre los charcos de barro.

La organización falló en las cuestiones de siempre: limpieza, precios y en la falta de previsión ante las necesidades de la gente. Y es que la salida del recinto se conviertió en una suerte de arenas movedizas donde el pie se embarraba hasta el tobillo en algunas zonas.

A pesar de haber sido un Viñarock muy díficil, creo que todos los amantes de los festivales estamos ya contando los días para volver.